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martes 21 noviembre 2017




Bertan > Gipuzkoa ignorada > Versión en español: El valle de Olatz
El valle de Olatz

En la muga con Bizkaia, perdido en el corazón del macizo de Arno, valle de cuenca cerrada, las tierras de Olatz guardan los últimos secretos de los viejos caminos hacia Ondárroa y Markina. Como las errekas no salen directamente al mar, ni salvan las barranqueras para unirse a las corrientes del Artibai o del Deba, y morir en el Cantábrico, sus aguas se sumergen en profundas simas donde la tradición popular nos dicen habitan las sorgiñas, y en cuyas profundidades se cuenta se escucha el golpe de las olas de la mar.

Para dar idea de lo apartado de esta barriada de Mutriku bastará citar estas líneas de Sebastián Insausti, en su libro "Las parroquias de Guipúzcoa" (año 1862), dice así: "Se establecerá una ayuda parroquial en el barrio de Olas... servirá de iglesia coadjutriz la ermita que hoy existe en el citado barrio con la advocación de San Isidro Labrador, haciendo en ella las obras necesarias para el efecto, y construyendo junto a ella la casa habitación para su coadjutor".

Caserío en el Valle de Olatz
Caserío en el Valle de Olatz
Elías Ecenarro guarda la llave de la ermita
Elías Ecenarro guarda la llave de la ermita.

Hoy incluso con carretera, Olatz no puede sustraerse a ser uno de los valles menos conocidos de Gipuzkoa. En realidad se encuentra entre los contados valles de "cuenca cerrada" que existen en nuestro territorio, junto con los de Bidania y Goiatz, el de Aizarna, el de Akua, el de Lástur, y los más abrigados de Urbía, Oltza, Alotza, Deguria, Perileku-lgaratza, y Alabieta, entre los de mayor popularidad.

Para llegar a Olatz la carretera asciende serpenteante entre espesos pinares. A los lados, rota en mil pedazos, se ve la vieja calzada de Mutriku. Desde el portillo que le da entrada, el valle de Olatz nos descubre sus caminos sostenidos por muros de caliza, sus praderíos intensamente verdes, los maizales que ya comienzan a amarillear, y sus barrancos de rocas calizas, donde crecen los arces, los fresnos, los castaños, los robles y los olmos. Hacia el collado de Ame¡, el ancho camino se deja adornar de tiesos nogales. De esa geografía tortuosa, salvaje y quebrada, dejó escrito Santiago Aizarna un curioso relato de bandidaje en su libro "Crímenes truculentos en el País Vasco", relato en el que se narran las andanzas por estas montañas del famoso bandolero Joaquín de Iturbe.

Grabado que ilustra la imagen del bandolero Joaquín de Iturbe.
Grabado que ilustra la imagen del bandolero Joaquín de Iturbe.
El kiwi un cultivo productivo en el Valle.
El kiwi un cultivo productivo en el Valle.

La iglesia de Olatz es un pequeño templo de una sola nave de planta de cruz latina, y da la impresión de que ha sufrido diversas reformas. Una sencilla puerta bajo la torre da entrada al templo en el que destaca una talla de Santa Ana. En el Altar Mayor, además de la figura de Andra Mari, llama la atención una imagen de San Isidro. Bulto de gran tosquedad y estilo arcaizante, lleva una hoz en la mano izquierda, y en la derecha una azada. A la cintura ciñe un rosario, y toda la talla abunda en tonos oscuros. La verdad es que escapa por completo a esa estampa tan tradicional que vemos con frecuencia del San Isidro bonito y acaramelado, propio de esas figuras de escayola sacadas a molde a cientos.

Me dijeron que en el barrio de Olatz ya no quedan más de catorce caseríos habitados, de los veintitrés que cita Agustín de Zubizaray en su monografía de Motrico. De ser cierta la cifra, me parece verdaderamente alta la tasa de abandonos, y podríamos ver en ello la crisis que alcanza a nuestra casa rural.


Caserío en el Valle de Olatz
Caserío en el Valle de Olatz.
Tempestad de nieve en una senda de Olatz.
Tempestad de nieve en una senda de Olatz.
Frente a la iglesia, frente a su torre con reloj y campanil de hierro, se levanta el caserío Zelayeta, con sus muros pintados en gris y luciendo las ventanas pintadas en verde y blanco, sobre la amplia portada. A media altura de la fachada, bien fijo, colocaron como escudo el viejo "zu-burniya" adornado de escudo y leyenda. Bajo la mano de pintura plateada con la que cubrieron el improvisado blasón, se puede leer todavía esta divisa: "Vincet victus", leyenda que se puede traducir por "Vencerá el vencido".

Diseminados en el cerrado valle, unos más altos que otros se ven los caseríos Aitze-txeberri, Aportatei-zulo, Aritzaga, Ube, Isasi, Patei-zarra...

Lechuza común
Lechuza común.

La parte alta del valle está dividida por el monte Basarte, y según de qué ladera se trate la llaman Olatz-goixa y Olatz-beia. Hacia el norte, el monte Miruaitz cierra el paso hacia los portillos de Arnoate. Camino de Arno, el caserío Urreistieta muestra sobre la puerta el viejo escudo de la casona. Es posiblemente el único vestigio que se ha conservado de una obra anterior, cuando se arregló el caserío en 1962.

Ya no nos quedan más que las sendas de Amo. En sus portillos estratégicos, olvidadas, han quedado las centenarias y misteriosas estelas, entre ellas la de Ameikutz y la de Esatekolepoa. ¿Son los últimos recuerdos de los tiempos del bandidaje? ¿Son los últimos recuerdos de los caminantes perdidos entre la tempestad de nieve? Nadie lo sabe. Pero lo cierto es que están ahí.



Imagen de San Isidro
Imagen de San Isidro.
Provisión de madera
Provisión de madera.
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