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miércoles 25 abril 2018



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Renovación y vanguardia

Muchas veces he escuchado al escultor Jorge Oteyza hablar con admiración y con fuerza de la figura de P. Pablo Lete. Preocupado, a su vuelta de Cuba, por la imagen pobre y rancia del Santuario, se lanza a la aventura de su completa renovación en conexión con las vanguardias. Arantzazu se convierte desde la década de los 50 en punto de atracción y en foco de renovación de la religiosidad popular vasca. Arte y cultura, religión y vanguardia van a procurar coexistir en un intento de fecundación y plasmación de auténticas obras de arte válidas para el hombre vasco moderno del siglo XX. Arantzazu se convierte así, por derecho propio, en símbolo de modernidad y de vanguardia de todo un pueblo. Pero ¿fue el intento histórico válido y resiste todavía hoy una crítica histórica desapasionada? ¿Siguen existiendo hoy en día las mismas tensiones y contradicciones que se produjeron en el momento de su creación y de su apertura?

Lo cierto es que el recién nombrado Provincial de Cantabria, P. Lete, hombre de dotes de gobierno y con una clara perspectiva de futuro, empujó a sus frailes el año 1949 a una fuerte campaña de renovación y de reinserción del Santuario en su pueblo y en las nuevas vanguardias culturales. Se trataba de incorporar a todos los sectores de la población vasca, especialmente a la población llana. Se trataba de conectar con las vanguardias artísticas culturales del país, para ofertar modelos válidos de comportamiento religioso desde dentro de la misma práctica plástica. El intento, cuanto menos hay que reconocerlo, fue duro, profundo y recio. Hoy, con una perspectiva de medio siglo, creemos que la propuesta se mantiene viva, sobria y abierta casi como en el momento de su creación y plasmación.

El P. Garmendia predicando hacia el años 1951
El P. Garmendia predicando hacia el años 1951. © Archivo Arantzazu.
La iglesia vieja antes de su demolición.
La iglesia vieja antes de su demolición. © Antton Elizegi

La cuestación popular fue amplia y sonada. Los religiosos pidieron ayuda de pueblo en pueblo y de casa en casa. Gentes sencillas y hombres de empresa, artistas y religiosos, parroquias y ayuntamientos se vieron involucrados en una empresa de cierta envergadura y resonancia. Pronto comenzarán los "pros" y los "contra" en torno al proyecto, pero éste había iniciado ya un proceso irreversible en el espacio y el tiempo.


El Arantzazu actual bajo la nieve.
El Arantzazu actual bajo la nieve. © Antton Elizegi

El año 1950, el P. Lete convoca un Concurso Nacional de Arquitectura para hacer de Arantzazu, al decir de Oteyza, "la capital religiosa y de cultura popular de nuestro país, talleres de arte, museo de nuestras tradiciones". Lete trataba de crear un espacio arquitectónico digno del Santuario y de Gipuzkoa, y adecuado a las necesidades litúrgico­- funcionales, que acogiera con decoro a los miles de peregrinos que allí acudían.

Casa Basozabal de Azpeitia
Bajando la piedra del altar mayor (1960). © Antton Elizegi
Una función religiosa en Arantzazu.
Una función religiosa en Arantzazu. © Antton Elizegi

Treinta y nueve proyectos se presentarán a este Concurso, procedentes de Gipuzkoa, Bizkaia, Alava, Rioja, Cataluña, Baleares, Aragón, Madrid, Avila, León, Salamanca y Andalucía. En septiembre del mismo año se falló el Concurso, cuyo tribunal estuvo compuesto, según la historiadora Isabel Monforte, por D. Avelino Elorriaga (Diputación de Gipuzkoa), P. Pablo Lete (Provincial de Cantabria), D. Vicente Ugalde (Alcalde de Oñate), D. José María Muñoz Baroja (Arquitecto Provincial), D. Jesús Rafael Basterrechea (Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro), D. Secundino Zuazo (Arquitectos a Concurso) y D. Jesús María Sáinz de Aguirre (Secretario Técnico).

Las puntas de las torres que escoltan el friso. © Antton
Elizegi
Las puntas de las torres que escoltan el friso. © Antton Elizegi

D. Luis de Laorga y D. Javier Sáenz de Oiza fueron los ganadores con una propuesta de templo robusto y agreste, de líneas nada femeninas y académicas, y con una torre campanil de piedra en punta, símbolo del espino. Ambos tratarán de insertar esta obra en las corrientes aperturistas de la política cultural del Ministro de Educación, D. Joaquín Ruiz Jiménez, por una parte, huyendo de todo falso universalismo. Así lo verá también la lucidez y coherencia del propio Jorge Oteyza: "...Puede ser la gran expresión actual de nuestra arquitectura religiosa. Ambicionamos, frente a los ensayos europeos de un nuevo arte religioso, aportar en un coherente y avanzado pensamiento formal toda la carga contenida de nuestra personalidad humana y de nuestra fe, que jamás ha tenido oportunidad histórica para expresarse, o no la ha sabido aprovechar. Esta vez tenemos verdadera necesidad de expresarnos, sabemos cómo hacerlo y para qué".

Los arquitectos proyectan una Basílica con planta de cruz latina de cortos brazos y gran ábside, en la que se remarca y se diseña un amplio espacio central, unitario y acogedor para la gran masa de fieles. Una luz tenue y opalina penetra por las ventanas­ lucernarios abiertas en la parte alta de la nave central y una luz azulverdegrisácea baña el espacio de celebración litúrgico desde unas maravillosas vidrieras ubicadas en los muros de la nave transversal. El ojo sobrio y potente del arquitecto Sáenz de Oiza da ciertamente en la diana. En dicho empeño le ayudarán también un magnífico plantel de escultores, herreros, vidrieros y pintores que trabajarán en equipo y con verdaderas ganas.


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