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viernes 19 enero 2018



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Un poco de historia

Ese espacio y ese "topos", lugar sagrado, en el que aparece y se muestra la imagen de Santa María de Arantzazu, es descrito por el P. Gaspar Gamarra (1648) como un desierto inhóspito e intrincado, pero no debió serlo tanto al decir del P. Villasante puesto que sus árboles abastecían las ferrerías del Valle de Oñati, en sus montes pastaban los rebaños del Goiherri, y la Calzada de Calahorra que por allí cerca pasaba, unía tierras de Gipuzkoa con Alava y con Castilla. Ya en el siglo XV parece existir una casa o venta para atención de viajeros y caballeriza, una ermita dedicada a San Juan, que bien pudo ser hospital y centro de acogida, y algunas casas y caseríos que conformaban el núcleo de población de Uribarri (pueblo nuevo), núcleo de población más cercano a Arantzazu. Del caserío Balzategi (casa del negro/moreno) de este barrio era Rodrigo, el pastor que halló la imagen de Nuestra Señora. Los habitantes de estas laderas del Aloña vivían del pastoreo, siendo la agricultura la principal fuente económica del valle oñatiarra. Los barrios de Araoz y Urréjola, que cuentan con iglesia propia, son también lugares e hitos importantes en la Historia, próximos y muy anteriores a la fundación del Santuario de Arantzazu. Cerca también del Santuario se halla a impresionante cueva de Sandailia, ermita roquera dedicada hoy a Santa Ilia, virgen y mártir francesa según el historiador Martín Mendizábal. La visité hace unos años acompañado de D. Manuel Lekuona y D. Manuel Laborde. Ambos relacionaban esta ermita con prácticas y tradiciones precristianas y posee hoy en día una antiquísima cofradía. El lugar tiene aspecto de eremitorio rupestre, similar al de otras zonas de Alava y La Rioja. Ambos remarcaban esa línea continua, ese "continuum" que enlaza claramente tradiciones religiosas neolíticas con el ámbito religioso tardorromano y cristiano medieval hasta la práctica religiosa de hoy día.

 Un detalle de la actividad en la ferrería.
Un detalle de la actividad en la ferrería. © Antton Elizegi
 La calzada de San Adrián.
La calzada de San Adrián. © Antton Elizegi

En esta tradición y ámbito sagrado es donde hay que situar el encuentro de una imagen gótica de la Virgen por un pastor sobre un espino y un cencerro colgado en el mismo, el año 1469, tal y como lo describe con rigor el historiador guipuzcoano Esteban de Garibay y Zamalloa cien años más tarde:


Murallas de Hondarribia
Un colmenar de Araoz. © Antton Elizegi
Fragmento de un cuadro de P. Uranga
Fragmento de un cuadro de P. Uranga. © Antton Elizegi
La primera representación gráfica de la Virgen de Arantzazu.
La primera representación gráfica de la Virgen de Arantzazu. © Antton Elizegi

"En este año de mil cuatrocientos y sesenta y nueve, uno más o menos, un mozo que guardaba ganado, llamado Rodrigo de Balzátegui, hijo de la casa de Balzátegui, de la vecindad de Uribarri, jurisdicción de la dicha villa de Oñate, guardando las cabras de su casa, en las faldas de la dicha montaña de Aloña, un día sábado, que es dedicado a la Virgen María, descendió por sus vertientes abajo, guiado por la mano de Dios, a lo que piadosamente se debe creer. Cuya inmensa majestad, siendo servido que en adelante fuese en aquel desierto perpetuamente loado y ensalzado su nombre, y el de la Reina de los Angeles, madre suya y protectora nuestra, siendo de los fieles cristianos de diversas partes de aquel lugar visitado y reverenciado, permitió que a este mozo pastor se le apareciese en aquel profundo, sobre una espina verde, una devota imagen de la Virgen María, de pequeña proporción, con la figura de su Hijo en los brazos, y una campana, a manera de gran cencerro al lado. Esto sucedería en tiempo de verano, pues a tal lugar, ajeno de pastos de invierno, llevaba su ganado".
Compendio Historial de Garibay. Amberes. 1571. Libro XVII, capítulo 25.

Pronto devotos y peregrinos comenzaron a acudir al lugar sagrado y éste comenzó a convertirse en el símbolo de una nueva era que cerraba una larga, negra y violenta Edad Media en la que el País Vasco se vio envuelta por luchas entre oñacinos y gamboinos, envidias y rencillas de toda índole, enfermedades y pestes sin cuento, hambre y dureza en muchos ámbitos de la vida privada y doméstica. Villas y municipios lucharán cada vez más contra el poder de los parientes mayores y de la monarquía centralista de los Reyes Católicos y sus grandes empresas en el Nuevo Mundo. Arantzazu comienza a ser centro y polo de referencia para multitud de gentes sencillas de todo el País, para emigrantes y extranjeros de todo el mundo.

"Procesión de la Virgen de Arantzazu a Oñate con motivo
del cólera -año 1935-". P.Uranga. 1918
"Procesión de la Virgen de Arantzazu a Oñate con motivo del cólera -año 1935-". P.Uranga. 1918. © Antton Elizegi
La famosa cueva de Sandaili
La famosa cueva de Sandaili. © Antton Elizegi

Clero y pueblo llano construyen en un primer momento una ermita para cobijar e instalar la imagen de Nuestra Señora. La viuda oñatiarra Dña. Juana de Arriarán comienza a ocuparse como serora de la misma y su hijo mercedario Pedro de Arriarán, religioso en Burceña (Bizkaia), será el superior de la primera comunidad de religiosos varones de Arantzazu y de todo Gipuzkoa hacia el año 1493. Pero esta Fundación no tendrá éxito y el propio Arriarán creará y fundará una Casa de "tercerones" franciscanos Conventuales, que serán, salvo en un breve período histórico, quienes habiten en este paraje cerca de cinco siglos.

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