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viernes 19 enero 2018



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Peregrinos y caminantes

A Arantzazu, casi desde sus inicios, comienzan a acudir peregrinos y caminantes para orar y encontrar paz interior, para regenerar sus conciencias mediante la práctica de la confesión y la comunión, o para dar cumplida cuenta de sus votos y promesas.

Arantzazu hacia 1890.
Arantzazu hacia 1890. © Archivo Arantzazu

Iñigo de Loyola será uno de ellos. Pasará la noche en vela en su iglesia y recibirá de Dios algún provecho en su alma tal y como lo cuenta en su carta a Francisco de Borja el 20 de agosto de 1554.

También el historiador mondragonés Esteban de Garibay visitará a Nuestra Señora de Arantzazu tras su impresión en Amberes el año 1571 de su colosal "Compendio Historial" en 40 libros, en uno de los cuales describirá este sagrado sitio. Pero serán sobre todo gentes sencillas del País Vasco de ambas vertientes del Pirineo quienes acudan a orar, a pedir o a dar gracias por múltiples motivos, entre los que hay que destacar los relacionados con los procelosos y profundos mares. Acuden a suplicar la vuelta a buen puerto para los seres queridos o para dar gracias por haberlo logrado a la "Estrella del mar". Es curioso constatar en este sentido la veneración que tiene la Andra Mari de Arantzazu, pese a encontrarse ubicada tan lejos de la costa, para las gentes del mar, tal y como lo prueban tantos documentos escritos e iconográficos guardados en archivos y en las paredes del propio Convento. Grandes limosnas, mandas y legados dieron a este Santuario gentes del mar como D. Antonio de Oquendo, D. Juan Sebastián Elcano y Miguel López de Legazpi.

Don Antonio de Oquendo en la batalla de Fernambuco
"Don Antonio de Oquendo en la batalla de Fernambuco -año © Antton Elizegi
Reproducción de uno de los libros más antiguos sobre
Arantzazu, publicado en Méjico.
Reproducción de uno de los libros más antiguos sobre Arantzazu, publicado en Méjico. © Antton Elizegi

El último de los dos retablos que presidió la anterior
iglesia de Arantzazu.
El último de los dos retablos que presidió la anterior iglesia de Arantzazu. © Antton Elizegi

Durante todo el año, excepto en los meses de invierno, son miles los peregrinos que acuden a este Santuario, especialmente las peregrinaciones de pueblos de Alava, Bizkaia, Gipuzcoa, Navarra e Iparralde. Obispos, clero y pueblo fiel sigue acudiendo a orar a este lugar sagrado.

Pero también saldrán de Arantzazu importantes caminantes que recorrerán los puntos cardinales del mundo entero. De aquí saldrá para Méjico Fr. Juan de Zumárraga, su primer Arzobispo, aquí se formarán y saldrán también para la mayoría de conventos de Gipuzkoa los jóvenes franciscanos, saldrá para el Obispado de Tuy Fr. Francisco de Tolosa, para Palestina Fr. Salvador de Almia, para Méjico Fr. Luzuriaga, para Perú Fr. Juan de Durana, para Marruecos Fr. José de Lerchundi, y tantos y tantos otros que darán luz y consuelo a innumerables personas del mundo entero.

Durante todo el año, excepto en los meses de invierno, son miles los peregrinos que acuden a este Santuario, especialmente las peregrinaciones de pueblos de Alava, Bizkaia, Gipuzcoa, Navarra e Iparralde. Obispos, clero y pueblo fiel sigue acudiendo a orar a este lugar sagrado.

Pero también saldrán de Arantzazu importantes caminantes que recorrerán los puntos cardinales del mundo entero. De aquí saldrá para Méjico Fr. Juan de Zumárraga, su primer Arzobispo, aquí se formarán y saldrán también para la mayoría de conventos de Gipuzkoa los jóvenes franciscanos, saldrá para el Obispado de Tuy Fr. Francisco de Tolosa, para Palestina Fr. Salvador de Almia, para Méjico Fr. Luzuriaga, para Perú Fr. Juan de Durana, para Marruecos Fr. José de Lerchundi, y tantos y tantos otros que darán luz y consuelo a innumerables personas del mundo entero.

Gracias a peregrinos y bienhechores será también como el más importante Santuario mariano del País Vasco que logre remontar y salir, una y otra vez, de sus tres grandes incendios y destrucc i ones hab i dos a lo largo de su historia.

El primero tuvo lugar el 26 de diciembre de 1553 y fue debido a causas involuntarias. Redujo a cenizas todo el convento salvo la iglesia. Lo sabemos por la importante documentación conservada por los Jesuitas, que poseían casa en Oñati. La generosidad, las ayudas y el entusiasmo popular, pronto levantaron un nuevo edificio mejor y mayor que el primero, al decir del P. Gamarra. Hacia 1618 estaba ya construida la capilla mayor del nuevo templo con crucero levantado sobre profundos cimientos sobre la barranca. Fue inaugurado con gran pompa y solemnidad el 8 de septiembre de 1621 y acudieron gentes hasta de Castilla la Vieja.

Sin haber transcurrido todavía un año, el 14 de julio de 1622 se produce un nuevo incendio, tan devastador como el primero, que lo arrasa todo en breves horas. Sólo pueden salvarse parte de la iglesia nueva, algunas celdas y algunos libros de la biblioteca, así como la imagen sagrada que es velada en la ermita del Humilladero. De nuevo el pueblo fiel acude en masa, con yuntas de bueyes, madera y toda clase de materiales y vuelve a reconstruir en breve tiempo un templo de planta superpuesta, con altares, sillería del coro e imágenes del escultor castellano Gregorio Hernández.

Pero el incendio más terrible será el producido conscientemente el 18 de agosto de 1834 en plena contienda entre carlistas y liberales. Por orden del General Rodil, el comandante Iñurrigarro y un batallón liberal denominado de. "voluntarios de Gipuzkoa" dio fuego y redujo a cenizas el convento antes de las 4 de la madrugada, por suponerse guarida y cobijo de facciosos carlistas. Los religiosos bajaron la imagen a Oñate y de allí partieron a Vitoria y al sur de España. Del incendio sólo se salvaron la primera iglesia y la torre campanario. La desamortización de Mendizábal exclaustrará religiosos, y requisará bienes, conociendo Arantzazu un período triste y penoso.

Fr. Joxe Mari, fraile amable y tan conocido.
Fr. Joxe Mari, fraile amable y tan conocido. © Antton Elizegi
El aparcamiento de Arantzazu de hace unos 30 años.
El aparcamiento de Arantzazu de hace unos 30 años. © Antton Elizegi
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